https://repositorio.sociales.uba.ar/items/browse?advanced%5B0%5D%5Belement_id%5D=41&advanced%5B0%5D%5Btype%5D=is+exactly&advanced%5B0%5D%5Bterms%5D=Fil%3A+Quintas%2C+Gonzalo+Mart%C3%ADn.+Universidad+de+Buenos+Aires.+Facultad+de+Ciencias+Sociales.+Buenos+Aires%2C+Argentina&sort_field=Dublin+Core%2CTitle&output=atom <![CDATA[Repositorio Digital Institucional Facultad de Ciencias Sociales-UBA]]> 2024-03-28T10:31:38-03:00 Omeka https://repositorio.sociales.uba.ar/items/show/2740 <![CDATA[Derechos de autor y las barreras a la expansión del acervo cultural : el caso de la SAGAI]]> Orientado a analizar el real proceso de la comunicación discursiva Mijael Bajtin señalaría en su artículo El problema de los géneros discursivos que “Toda comprensión de un discurso vivo, de un enunciado viviente, tiene un carácter de respuesta (a pesar de que el grado de participación puede ser muy variado); toda comprensión está preñada de respuesta y de una u otra manera la genera: el oyente se convierte en hablante. Es más, todo hablante es por sí un contestatario: él no es un primer hablante, quien haya interrumpido por vez primera el eterno silencio del universo, y él no únicamente presupone la existencia del sistema de la lengua que utiliza, sino que cuenta con la presencia de ciertos enunciados anteriores, suyos y ajenos, con las cuales su enunciado determinado establece toda suerte de relaciones. (…) Todo enunciado es un eslabón en la cadena, muy complejamente organizada, de otros enunciados” (Bajtin,1982:281). En este fragmento, Bajtin realiza así una separación respecto de lo que define como “la creación de la lengua”, hasta entonces concebida como un sistema inmanente de signos lingüísticos y, entonces, las formas en que los distintos elementos sígnicos son puestos en relación son los que componen el acto discursivo. Bajtin ubica entonces a la lengua en el interior de una cultura histórica: sentando una posición divergente respecto a la de lingüistas como Ferdinand de Saussure, al definir a la comprensión del lenguaje percibido como una etapa pasiva (un instante en el que no se produce respuesta) y una etapa activa, cuya inmediatez no es una condición excluyente, donde en efecto el oyente se convierte en hablante. Así, todo acto discursivo yace en el seno de una urdimbre de significaciones discursivas, y es precisamente de ese entramado desde donde los nuevos discursos aparecen dando respuesta a otros, inmediata o históricamente, generados. No encontramos discursos sociales cuyo origen se sitúe en la espontaneidad y la afonía. Todo producto cultural, entendiendo a la cultura en términos de Clifford Geertz como “un entramado de significaciones tejido por el hombre” (Geertz,1973:20), surge, entonces no del chispazo momentáneo y creativo de un individuo iluminado por el arte, la razón o la ciencia sino como resultado de la amalgama de conocimientos incorporados, enunciados que lo anteceden y experiencias vividas del nuevo hablante.

Esta definición acerca de la importancia de la concepción histórica en la creación de los nuevos relatos y discursos sociales fue introducida a los efectos de considerar el motivo esencial del presente trabajo. Este agregado permite, sin más, evaluar desde un plano relativamente distante el origen y la función actual que las normativas y principios de derechos de autor cumplen en nuestros días. Como primera aproximación, podemos definir al derecho de autor como un monopolio artificial limitado otorgado por los Estados nacionales, a favor del hacedor de un bien cultural, el autor de una obra artística, y quien goza de los beneficios dados por tal posesión: en primer término, brindado con el objeto de reconocer el esfuerzo esgrimido en la realización de la obra. Por otra parte, para estimular la creatividad y, por ende, la producción posterior de nuevos discursos en el acervo cultural de una sociedad determinada.

Sin embargo, intentaremos demostrar que tal mecanismo legal, en las formas en que se presenta en la actualidad, actúa como una barrera para la circulación de los bienes culturales en sociedades hipermediatizadas. Si bien, resulta evidente observar que, en un determinado período histórico, fue necesario otorgar al autor la potestad temporal sobre los bienes creados a los efectos de fomentar (y ampliar) una mayor circulación cultural, es preciso dar cuenta que tales concesiones históricas respondieron a particularidades políticas, económicas, técnicas y socio-culturales específicas de ese período histórico social. Las características inherentes a esta etapa histórica de la comunicación en la cual ocurre una apropiación social masiva de las tecnologías digitales posibilitaron que el costo de copiar una obra cinematográfica, literaria o musical tienda a un costo cercano a cero. Este hecho genera una tensión con el marco regulatorio vigente sobre derechos autorales, sostenida, también, por las diversas industrias culturales como modo de garantizar su rentabilidad en un mercado de demanda aleatoria. En un período en el cual los procesos de producción, distribución y reproducción de la cultura tienden a ser cada vez más automatizados e incorporados en forma masiva al normal uso social, se produce la prescindencia de “la figura del intermediario”, el actor históricamente propietario de las herramientas vitales para la realización artística, y la distribución de copias de esas obras. Este poder históricamente establecido, reiteramos, le otorga la potestad de decidir qué sería publicable y qué no lo sería, así como las condiciones en que esta publicación se efectivizaría. Sumado a ello, la emergencia e intervención de los actores encargadas de gestionar, recaudar y controlar el cumplimiento legal de las normas vigentes sobre derecho de autor, complejizan el panorama.

A partir de éste último punto, el presente trabajo tomará como problema de investigación las barreras y restricciones que el marco regulatorio actual en materia de derechos autorales ejerce sobre la circulación de los bienes culturales y la ampliación del acervo cultural de la sociedad. Para esto, se hará foco sobre el caso de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores e Intérpretes (S.A.G.A.I), gestora colectiva de derechos de los actores e intérpretes audiovisuales creada a través del decreto N° 1914 firmado por el entonces presidente Néstor Kirchner en el año 2006. Propondremos como hipótesis sustantiva que las gestoras colectivas de derechos, en este caso específicamente el rol cultural cumplido por la S.A.G.A.I, operan como barreras para limitar la circulación de esos bienes inmateriales que, en la práctica, está facilitada por el marco de tecnologías infocomunicacionales digitales que facilitan el almacenamiento, la copia y la posibilidad de compartir el acceso a las diversas obras culturales.]]>
2022-08-17T12:17:01-03:00

Dublin Core

Título

Derechos de autor y las barreras a la expansión del acervo cultural : el caso de la SAGAI

Colaborador

Wiszniacki, Mariano

Fecha

2014

Spatial Coverage

Descripción

Orientado a analizar el real proceso de la comunicación discursiva Mijael Bajtin señalaría en su artículo El problema de los géneros discursivos que “Toda comprensión de un discurso vivo, de un enunciado viviente, tiene un carácter de respuesta (a pesar de que el grado de participación puede ser muy variado); toda comprensión está preñada de respuesta y de una u otra manera la genera: el oyente se convierte en hablante. Es más, todo hablante es por sí un contestatario: él no es un primer hablante, quien haya interrumpido por vez primera el eterno silencio del universo, y él no únicamente presupone la existencia del sistema de la lengua que utiliza, sino que cuenta con la presencia de ciertos enunciados anteriores, suyos y ajenos, con las cuales su enunciado determinado establece toda suerte de relaciones. (…) Todo enunciado es un eslabón en la cadena, muy complejamente organizada, de otros enunciados” (Bajtin,1982:281). En este fragmento, Bajtin realiza así una separación respecto de lo que define como “la creación de la lengua”, hasta entonces concebida como un sistema inmanente de signos lingüísticos y, entonces, las formas en que los distintos elementos sígnicos son puestos en relación son los que componen el acto discursivo. Bajtin ubica entonces a la lengua en el interior de una cultura histórica: sentando una posición divergente respecto a la de lingüistas como Ferdinand de Saussure, al definir a la comprensión del lenguaje percibido como una etapa pasiva (un instante en el que no se produce respuesta) y una etapa activa, cuya inmediatez no es una condición excluyente, donde en efecto el oyente se convierte en hablante. Así, todo acto discursivo yace en el seno de una urdimbre de significaciones discursivas, y es precisamente de ese entramado desde donde los nuevos discursos aparecen dando respuesta a otros, inmediata o históricamente, generados. No encontramos discursos sociales cuyo origen se sitúe en la espontaneidad y la afonía. Todo producto cultural, entendiendo a la cultura en términos de Clifford Geertz como “un entramado de significaciones tejido por el hombre” (Geertz,1973:20), surge, entonces no del chispazo momentáneo y creativo de un individuo iluminado por el arte, la razón o la ciencia sino como resultado de la amalgama de conocimientos incorporados, enunciados que lo anteceden y experiencias vividas del nuevo hablante.

Esta definición acerca de la importancia de la concepción histórica en la creación de los nuevos relatos y discursos sociales fue introducida a los efectos de considerar el motivo esencial del presente trabajo. Este agregado permite, sin más, evaluar desde un plano relativamente distante el origen y la función actual que las normativas y principios de derechos de autor cumplen en nuestros días. Como primera aproximación, podemos definir al derecho de autor como un monopolio artificial limitado otorgado por los Estados nacionales, a favor del hacedor de un bien cultural, el autor de una obra artística, y quien goza de los beneficios dados por tal posesión: en primer término, brindado con el objeto de reconocer el esfuerzo esgrimido en la realización de la obra. Por otra parte, para estimular la creatividad y, por ende, la producción posterior de nuevos discursos en el acervo cultural de una sociedad determinada.

Sin embargo, intentaremos demostrar que tal mecanismo legal, en las formas en que se presenta en la actualidad, actúa como una barrera para la circulación de los bienes culturales en sociedades hipermediatizadas. Si bien, resulta evidente observar que, en un determinado período histórico, fue necesario otorgar al autor la potestad temporal sobre los bienes creados a los efectos de fomentar (y ampliar) una mayor circulación cultural, es preciso dar cuenta que tales concesiones históricas respondieron a particularidades políticas, económicas, técnicas y socio-culturales específicas de ese período histórico social. Las características inherentes a esta etapa histórica de la comunicación en la cual ocurre una apropiación social masiva de las tecnologías digitales posibilitaron que el costo de copiar una obra cinematográfica, literaria o musical tienda a un costo cercano a cero. Este hecho genera una tensión con el marco regulatorio vigente sobre derechos autorales, sostenida, también, por las diversas industrias culturales como modo de garantizar su rentabilidad en un mercado de demanda aleatoria. En un período en el cual los procesos de producción, distribución y reproducción de la cultura tienden a ser cada vez más automatizados e incorporados en forma masiva al normal uso social, se produce la prescindencia de “la figura del intermediario”, el actor históricamente propietario de las herramientas vitales para la realización artística, y la distribución de copias de esas obras. Este poder históricamente establecido, reiteramos, le otorga la potestad de decidir qué sería publicable y qué no lo sería, así como las condiciones en que esta publicación se efectivizaría. Sumado a ello, la emergencia e intervención de los actores encargadas de gestionar, recaudar y controlar el cumplimiento legal de las normas vigentes sobre derecho de autor, complejizan el panorama.

A partir de éste último punto, el presente trabajo tomará como problema de investigación las barreras y restricciones que el marco regulatorio actual en materia de derechos autorales ejerce sobre la circulación de los bienes culturales y la ampliación del acervo cultural de la sociedad. Para esto, se hará foco sobre el caso de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores e Intérpretes (S.A.G.A.I), gestora colectiva de derechos de los actores e intérpretes audiovisuales creada a través del decreto N° 1914 firmado por el entonces presidente Néstor Kirchner en el año 2006. Propondremos como hipótesis sustantiva que las gestoras colectivas de derechos, en este caso específicamente el rol cultural cumplido por la S.A.G.A.I, operan como barreras para limitar la circulación de esos bienes inmateriales que, en la práctica, está facilitada por el marco de tecnologías infocomunicacionales digitales que facilitan el almacenamiento, la copia y la posibilidad de compartir el acceso a las diversas obras culturales.

Idioma

spa

Extent

62 p.

Derechos

info:eu-repo/semantics/openAccess
Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.0 Genérica (CC BY-NC-ND 2.0)

Formato

application/pdf

Cobertura

ARG

Tesis Item Type Metadata

Título obtenido

Licenciado en Ciencias de la Comunicación

Institución otorgante

Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales

Lugar de edición

Identificador interno

3329
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